Las audiciones para entrar en una orquesta profesional están cambiando al ritmo de los programas de concierto. Según un reportaje publicado el 31 de octubre de 2026 por The New York Times (en su edición en español, recogido por Infobae), treinta segundos de música de Star Wars o de Harry Potter pueden bastar hoy para decidir si un músico consigue una plaza, junto a los clásicos de siempre como Mahler o Mozart.
Un fragmento de «Tiburón» para ganar una plaza
El texto sigue el caso de Michael Banks, contrabajista de 25 años que en 2025 se presentó a la audición de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh. Entre los fragmentos que preparó figuraba la fuga de la jaula del tiburón de la partitura de John Williams para Tiburón, una melodía ágil y de ritmo complejo, nada fácil en un instrumento tan grave. Banks tocó cinco fragmentos en la primera ronda, la avanzó junto a otros 53 candidatos y, tras una final ante el director musical Manfred Honeck, ganó la plaza de contrabajo ayudante de solista. Se incorporó en mayo de 2025.
La prueba se hizo, como es habitual, tras una pantalla que oculta la identidad del candidato. El reportaje recuerda que, a diferencia de otros procesos de selección, en una orquesta la audición lo es casi todo: se compone de varias rondas con obras solistas y una docena o más de fragmentos breves elegidos para medir aspectos concretos, como la precisión rítmica o el control del registro agudo.
Del repertorio clásico a la música contemporánea
Las orquestas programan cada vez más bandas sonoras y música de compositores vivos, y las listas de fragmentos empiezan a reflejarlo. El artículo menciona, entre otros, Coincident Dances, de Jessie Montgomery, que Banks también tocó en la final, y «Fluffy’s Harp», de la música de John Williams para Harry Potter y la piedra filosofal, que la arpista Caitlin Mehrtens preparó para una audición de la Sinfónica de Detroit. Mehrtens explica que las orquestas ganan dinero con los conciertos de música de cine, y que incluir esas obras en las pruebas transmite que merecen el mismo respeto que el repertorio tradicional.
La violinista Laura Colgate, concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos y cofundadora de la Boulanger Initiative, impulsa el proyecto «Redefining the Canon», que colabora con orquestas para añadir fragmentos de compositores infrarrepresentados. La compositora Jennifer Higdon, ganadora del Premio Pulitzer, cuenta que las peticiones para usar su música en audiciones han crecido notablemente en los últimos cinco o seis años. Según el reportaje, ella y Montgomery suelen permitir el uso gratuito de sus obras.
Un cambio con resistencias
No todas las orquestas actualizan sus listas. Banks percibe todavía una «vieja guardia» para la que quien domina a Strauss, Mahler y Beethoven sabrá tocar también Star Wars. Colgate, por su parte, considera las audiciones por fragmentos bastante arcaicas porque tocar un pasaje suelto no equivale a tocar con otros músicos; por eso algunas orquestas añaden un periodo de prueba. El texto admite que nadie ha propuesto una alternativa mejor.
Otro detalle técnico que recoge el artículo: cuando se trata de música reciente hay menos tradición interpretativa, así que hay que escuchar mucho las grabaciones para captar el estilo del compositor. Montgomery revisó el solo de contrabajo de su obra tras oírlo en concierto, de modo que circulan dos versiones; su consejo para una audición es elegir una y tocarla con convicción.
Qué puede sacar de aquí un estudiante
Para quien se prepara para una orquesta, el mensaje es que el repertorio de audición ya no se limita al canon clásico: conviene conocer también partituras de cine y música actual y trabajarlas con el mismo rigor técnico. Si todavía estás aprendiendo a distinguir las secciones y los instrumentos, puedes repasar nuestra guía de los instrumentos de la orquesta sinfónica.
